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domingo, febrero 04, 2007

Ever been in Cape Town, bru?

Blood DiamondHace unos años estando en Chicago por viaje de trabajo descubrí una variante anglosajona en uno de los consultores con los que conversaba. Más con pinta de Cocodrilo Dundee que de consultor de negocios, uno de ellos llamaba la atención y no necesariamente por un sombrero de cacería. Aunque era muy callado, su acento inglés me sonaba rarísimo, casi germánico. Le pregunté de dónde era para sacarme la duda, esperando un "From Germany". Me respondió "From Sowth Ifricka". Asenté ladeando la cabeza con la oreja hacia él, los labios tensos y las cejas juntas.

Después me enteré que el inglés no era el idioma oficial de los blancos en Sudáfrica. La lengua oficial es el afrikáans (derivado del neerlandés) que fue sólo lengua oral hasta mediados del siglo XIX sin representación escrita ni formas literarias previas. En esa época el holandés era el idioma oficial.

Ayer me acordé de todo eso en el cine cuando veía la película Diamante de Sangre (Blood Diamond). Y es que el papel de Leonardo Di Caprio encendió ese recuerdo casi olvidado del Sowth Ifrickan que conocí en Chicago. Di Caprio encarna a un traficante de diamantes originario de Rhodesia (en sus propias palabras), hoy Zimbawe, anclado en Sierra Leona en búsqueda de una piedra rara.

No estoy seguro si se habla afrikáans en Zimbawe, pero Di Caprio tenía el reto de impostar un acento sudafricano para la película. Algo bastante difícil de lograr (recuerdo la excelente personificación de Brad Pitt en Snatch con acento de gitano irlandés incluido). ¡Vaya que lo tenía bien claro! Más ahora cuando la crítica no deja de burlarse de él. Di Caprio es un actor cumplidor, pero esta vez no convenció a la audiencia con su acento sudafricano. En su blog Cape Town Chronicles, una periodista sudafricana da su punto de vista al respecto.

Debo reconocer, sin embargo, que DiCaprio logró que yo gesticulara de la misma forma como lo hice en Chicago ante la respuesta inesperada del consultor.

What did ya say, bru?

martes, enero 02, 2007

Pequeñas felicidades de la vida (I)

AmélieEn la película francesa Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain el personaje principal, Amélie, disfruta de pequeños simples placeres de la vida cuando niña -como hundir la mano en un saco de granos, quebrar la capa crocante del crème brûlée con una cuchara o soltar piedras dentro del canal Saint Martin.

Disfrutar esas "pequeñas felicidades" (delicatessen de la vida cotidiana) para sumar una sonrisa en nuestra vida es el principal mensaje que nos deja Amélie. Dejarse llevar por sutilezas que aunque no nos lleven a la felicidad plena -que creo que no existe-, ayudan más de lo que uno piensa. Me animé a pensar y transcribir las mías (actuales, pasadas y algunas deseadas) en una lista que sigue continuación:

  • Ir a comprar el periódico al kiosko de la esquina un domingo gris y aprovechar para comprar alguno que otro chiste de Editorial Novaro ("felicidad"de la infancia).
  • Un vaso de leche con un chorrito de vainilla viendo El Chavo del Ocho después del colegio (placer colegial de día de semana).
  • Desverlarme para ver Combate, con Vic Morrow como el Sargento Sanders.
  • Fresas con muchísima leche condensada (vertida de preferencia desde los nuevos envases Squeeze y no desde una lata).
  • Leer el periódico sobre arena de playa, bajo sombra y con el sonido de las olas frente de mí (si hay algún bikini alrededor que valga la pena, mejor).
  • Tomar un Jack Daniel's sentado (solo) en la barra de un bar cerca de alguna chica interesante (y sonriente).
  • Afeitarme en la ducha al frente de un espejo antiempañante.
  • El momento after-shave con loción sobre la cara.
  • Masajes en la espalda con crema para manos,
  • Un vino tinto en compañía de una mujer con quien poder conversar en voz alta o en silencio.
  • Un queso Brie original como acompañante del ese vino tinto y de esa misma mujer.
  • Sashimi de Hamachi y White Tuna fresco en la barra de un buen Sushi Bar, al lado un vaso de Ginger Ale con una rodaja de limón o un vino blanco Sauvignon Blanc heladísimo.
  • Un Bloody Mary en la cubierta de un yate, vestido en short de lino y con una rubia estilo Playboy haciéndome masajes (aún no he sentido esto).
  • Comprar en Banana Republic ropa para mí.
  • Comprar CDs de música y libros en Amazon.com y que el envio sea gratis.
  • Escuchar música de The Who camino al trabajo sobre el espantoso tráfico de la Av. Benavides.
  • Echarme en el sofá con la laptop sobre mí (de preferencia con conexión a Internet).
  • Escribir algo de lo que estoy plenamente satisfecho.
  • Manejar mi auto con la posición "correcta" del asiento, espejo retrovisor y espejos laterales.
  • Estrecharle la mano a alguien que te la aprieta igual de fuerte que tú.
  • Sacarme "conejos" de los dedos del pie.

Por supuesto, aunque no tenga el tiempo y la determinación para dedicarle energía, escribir en este blogg es una de mis principales "pequeñas felicidades".